Ladran, luego cabalgamos... que NO dijo Don Quijote.

Aysssssss, esos locos radicales!!!
Respira...Busca y Respira.
Simplemente, respira. Ante tu vida, respira. Ante el acecho, respira.
Ante la ira, respira.
Sabe lo que hace. Es poderosa. Se ha colado durante años, en tu cerebro. Vive de tus procesos ,alimenta tu adrenalina y te dirige hacia el abismo.
Abismo en el que estás deseando caer, necesitas el precipio...para eso es la única solución, la que lo resuelve todo...La que te lleva al uno, al todo, a tí mismo.
Pero puedes elegir. Eso no te lo dijeron. No lo sabian, estaban atrapados por la misma fuerza: la repetición.
Basta una sola célula. Una sóla sinopsis neural y usar el mismo proceso que nos atormenta.Respira y repite.
Puedes no someterte a la dictadura de la ira y concederte, por un segundo, la libertad de respirar. Puedes, pero no debes.
La ira podrá contigo y volverás a ser un esclavo. De tus prejuicios, de tus creencias, de tus valores... No debes salirte de ellos. Ni puedes, ni sobre todo, debes.
Los principios son principios, no son finales. Los valores no son valorables.Los prejuicios ya estaban, antes del juicio.
Pero ahí está el juicio. Ahí hemos llegado. Ni sabemos cómo ni queremos. Quizás nos lo dieron hecho, quizás nos lo construímos. Pero inevibitablemente, se aposentó en nosotros.
Esto es bueno y si no, es malo.Hay que darle un objetivo y el objetivo de todas nuestras células, es sobrevivir y crean clones de sí mismas en nuestro cerebro. Necesitan un juicio. Viven de él.
Pero podemos elegir. Una sóla célula necesitamos, con ganas de trabajar. Una sólo.
Respira y persigue el juicio. Persigue la creencia. Persigue el valor. Les podrás seguir de cerca, nunca los atraparás. Corren más que tú. Se repiten.
Pero sólo hace falta una. Una que identifique el juicio. Sólo una.
Tras el juicio identificado, no será tan difícil. Sólo hay que encontrar la necesidad.La no satisfacción de ella y será imposible culpar a los demás. Ni siquiera a uno mismo.
Busca... no te gustará lo que encuentres, pero respira. Repite y respira.
Libremente. Eso no te lo quita nadie.
Instintos primarios
No es fácil no caer en los instintos primarios.
La constante en la vida, es la supervivencia. Por ella, nos revolvemos, contestamos, nos caemos, nos levantamos... y sobre todo, logramos sentirnos vivos.
No nos hace felices. La mayoría de las veces, desgasta una parte de nosotros que ni siquiera sabíamos que existía. Otras, nos induce a un stress constante del que no conseguimos liberarnos. Y en general, nos impulsa hacia delante. Pero no nos hace felices.
Más bien todo lo contrario. Es cada vez que conseguimos sobreponernos a un instinto, cuando creemos ser un poco mejores. Y hoy, simplemente ,no consigo entenderlo.
Colgando los tacones...

Clac, clac, clac....La cintura ondea y la cabeza alta, sin mirar al suelo. Sólo subir y subir. La meta es sin duda el cielo. Y en él, siempre hay algo llamativo. Su infinitud siempre nos da un detalle distinto cada día, cada momento. Puede ser el sol tratando de aplastarnos. Ese mismo sol dando alegría a nuestra piel. O simplemente el estar escondido, esas formas nebulosas, los diferentes tonos grises.
Y si él no está, nos queda mirar a la Luna y todo su séquito de estrellas. Esa sensación de pertenecer a algo redondo, en constante movimiento y nosotros con él. El vacío y la compañía. Ser por un momento un todo y sentirse a la vez, casi nada.
Difícil competir con todo esto. Difícil bajar la cabeza un momento. Pero paradójicamente, mirar al infinito, no puede ser eterno.
En algún momento, la cintura caerá hace un lado más que a otro, un clac será más largo que otro...La cabeza bajará por la inercia e independientemente de que el resto del cuerpo le siga o no, nuestra realidad pasará a ser completamente distinta.
Algunos pueden quedar prendados de los mínimos del suelo, si la gravedad tiró muy fuerte de ellos, pero a la mayoría, no nos quedará más que mirar de frente y colgar nuestros tacones.
De frente, de frente, de frente...
Imprescindible Lexie...

Fue la indecencia, Lexie.
Desde que nacemos, en ese mismo instante, empezamos a olvidar un montón de conceptos. Ni siquiera ya todos nacemos entre dolores. A unos nos protegen desde el instante que empezamos a respirar solos, mientras que otros pasan simplemente a engrosar la lista de los hambrientos, insalubres...simplemente por el hecho de no nacer no en un segundo mundo, sino en un tercero. Y en vuestro caso, en un submundo.
Desde ese mismo momento, comenzamos a aprender, que lo bueno o lo malo, tan sólo depende de cómo le afecte a uno personalmente. Las ideas de clase social, raza o especie, pueden ser una excusa, algo a lo que aferrarnos para sentirnos parte de un grupo dentro de nuestro absoluto egocentrismo, pero ya no es más que eso, una mera excusa.
El egoismo es lo que se nos enseña. Es lo que crece dentro, es lo que se alimenta con cada trozo de pan que tomamos, dando por hecho que ha sido horneado exclusivamente nosotros.
Y así, comenzamos a olvidar lo actos dignos y hasta las palabras. Se nos olvida reconocer que todo ser es merecedor de respeto, sin importar cómo sea. Que lo que es necesario es reconocer y sobre todo, tolerar, las diferencias de cada ser. Esa dignidad que nos haría sentirnos orgullosos ya no de nuestros actos, sino de las consecuencia de estos.
La indecencia humana te encerró en una jaula. La indecencia es la que no te consideró apta para ser protegida y cuidada como única. Fue ella la que se olvidó de ti, por no ser considerable. Ella fue la que te enfermó y te marcó. Te marcó como prescindible desde que naciste.
Pero no lo eras. Lo eran, sin embargo, todas esas personas que pasaron por tu vida sin poder ver en realidad, lo imprescindible que eras...
Limitaciones...
Las que nosotros mismos nos creamos. La linde que nos da la extensión en la que tendremos autoridad o derechos, pero ante todo, la imposición de esa linde en lo que uno dice o hace (aunque sea sin esa autoridad, ni esos derechos), con renuncia voluntaria, forzada o semi-forzada, a otras cosas más deseables.
Nos limitan los hechos. Esa realidad tangible o no, que nos va apelmazando por ser lo que es, sin más.
Nos limita la cobardía, más que nada. La falta de ánimo, valor y coraje, esa vista tan delicada de las cosas, que nos da tan poca claridad y sobre todo, tan poco alcance.
También lo hace el miedo. Esa perturbación de angustia en nuestro ánimo, por la simple toma de actitud ante un riesgo (real o imaginario, qué más da...). Ese, que desgraciadamente, se impone a la voluntad de uno, amenazando con un mal grave e insuperable, o los fantasmas de éste.
La intimidación, en mayor o menor grado, aunque sería un vuelta a qué o a quién infunde ese miedo. Ese algo profundo, interno y reservado que no quiere ver, ni pensar, ni construir... ni siquiera destruir.
Y también la intolerancia. ese conjunto de reacciones que irritan y se desencadenan ante un suministro de ignorancia o cualquier otra cosa.
La lista es interminable. Si creamos limitaciones, hay mil motivos para ello....está la velocidad, está el tiempo, está el pasado y hasta el futuro.... puede limitarnos hasta la economía o incluso, la salud. Y todos los motivos serán cuestionables, pero viables.... uno tiene sus mínimos, pero también sus limitaciones.
Y ante ellas, sólo dos caminos posibles: aceptarlas o afrontarlas.
En cualquiera de los casos, hoy, no te toca a tí ganar ni a mí. Pero la mía, es una pérdida asumible, la he elegido, limitada o no, ha sido mi decisión.
.La tuya, cae como un saco pesado, con gente que la escucha, que se debate y que te siente....pero ni por un sólo momento puedo soportar que esto caiga en el saco de mis limitaciones.
Igual tengo suerte y eres el impulso que me hace falta. Igual vuelvo a limitar la suerte y te llevo en mi corazón, por siempre, sin ser ese tu sitio.
Ese no es tu sitio...No lo es.
SIN RESISTENCIA...
Otros poquitos mínimos más...

Porque eres un regalo que me hizo la vida y ya no me pregunto ni porqué, tan sólo pienso disfrutarlo.
Porque eres la persona más honrada que conozco, honrada contigo misma, honrada con el mundo que vives... un lujazo y ni siquiera, lo sabes... y eso te hace buscar la sombra.
Porque acercarme a tí, es siempre alejarme de todo lo indeseable.
Porque no te tengo cerca casi nunca y sin embargo, siempre estás a mi lado.
Porque me encanta tu tristeza y me encanta tu alegría. Porque estás por encima de tu estado de ánimo, porque te pierdes, porque te cuestionas...
Porque eres parte de mi día a día, porque no sólo veo como amas, sino que lo siento...
Porque me soportas, sin alegría de vivir (o con ella).
Porque no hay nada falso, impostado o ficticio en tí.
Y toda esa verdad, me hace seguir con mis mínimos.
Y de ahí, parriba!!!
Más mínimos.....
Porque es más de un cuarto de siglo, porque ha sido más tiempo contigo que sin tí...
Porque hemos llorado, reído, cantado, bailado, leído, comido, bebido, viajado, peleado.... y hasta nada, hemos hecho.
Porque aunque no nos veamos, ni oigamos en un tiempo... igual nos sentimos y basta un segundo para reconocernos, sin ni un único nudo que desatar.
Porque sé que mi vida te ha hasta indignado en algunos momentos, otras, no has podido llegar a entenderla nada y la mayoría, te ha resultado tremendamente aburrida, pero eso no te ha hecho dejar de quererme ni un poquito. Porque siempre tu mano ha estado ahí, tu corazón y toda tu fuerza para tirar de mí.
Porque me encanta abrazarte y que me abraces.
Porque la vida no me dio una hermana, pero te puso a tí ahí y me elegiste.
Porque eres mi constante.
Porque tu amor es un privilegio.
Por todo eso y por tí, sólo por tí... sigo yendo de mínimos.
Y de ahí, parriba!!!
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Va de mínimos...
Porque te quiero porque sí y sin más. Sin motivo alguno.
Porque no te amo hasta el infinito y más allá. Y ni falta que hace.
Porque esto es lo que soy y lo que siento y te basta y me basta. Porque es un círculo sin cerrar, que no se cerrará jamás. Porque es la imperfección personificada, porque es la amistad elevada al infinito, porque es la vida misma, que se nos muestra a ratitos.
Porque te echo de menos cuando no estás, pero eso no me rasga el alma, ni me hace sangrar. Porque no tengo que lamarme mis heridas cuanto te vas, sino que me ayudas a lamerlas cuando estás.
Por todo eso, esto va de mínimos.
Y el mínimo, es creer que estoy en un banco de Central Park, haciendo un lunch.... cuando la realidad es que estoy en en la rotonda de la Encina comiendo sandwichs de Rodilla (y de los vegetales).
El mínimo es reirme de mí misma y llorarme a la vez, sin importame que estés delante, sólo porque tú sabes lo que soy y sé lo que tú eres y a veces nos gusta y a veces no, pero no hay problema en reconocerlo.
Y es también el mínimo... tener conversaciones de yonkis absurdas y que no importe que nadie entienda nada. Ni nosotros. Porque la risa nos acompaña a veces y otras, no tanto.
El mínimo es que en mitad de un desastre, cuando la piel se nos rompe, nos tiramos de los jirones y los quemamos, si es necesario... y no necesitamos palabras de consuelo, porque un abrazo es más que suficiente.
Porque el mínimo no es un conexión de piel, ni de sexo, ni de seso. El mínimo es que me gustas y te gusto, con nuestra mentiras y nuestras absurdeces. Y tanto el llanto como la risa, nos son indeferentes, simplemente, son parte de todo esto.
Y de ahí, parrriba!!!

Hay que ser un hijoputa...
Se le cayeron los anillos y no me importó, a pesar de que hacía ya días que sus dedos no me interesaban una mierda, la inercia me hizo recogerlos.
A pesar de que ya estoy cansada y harta de llevar la carga de los demás, acepté la suya. Parece que no se me da mal, recoger pedazos. Complejo de samaritana sin curar.
Yo no esperaba mucho de esto, bien es cierto. Y sobre todo, no esperaba cambios.
Pero es inaceptable, que de nuevo, una y otra vez, un ser vivo esté por debajo de todas las cosas. Esas cosas que ahora ya bien debería saber que se tambalean, que no sirven, que no son eternas, que no son importantes.
Sólo por un instante, pensé que dejaba de ser translúcida.
Errar es humano.
Y de los errores se aprende, pero yo me siento tan ridícula. Tan traicionada otra vez. Esa traición me hace sentir que el camino andado ha sido además de torpe, absurdo. Y por lo absurdo no se puede, ni siquiera llorar. O se llora, pero casi sin ganas, tan sólo por deshacer el nudo y que no se enganche a uno y le haga más daño.
Y sé que es el punto de partida, lo sé, lo reconozco, lo siento, lo huelo...este mundo que me ahoga, que me abraza y que me olvida...retomar desde la herida...
Pero el ridículo me ha hecho cobarde. Me pesa, la ridiculez.
Porque hay que ser muy hijoputa para refugiarte en cosas, gente, situaciones y así, taparlo todo. Hay que serlo para ridiculizar, humillar y destruir, sin más.
Simplemente, hay que ser muy hijoputa.
:((((
No dudaría...

Antonio FloresSi pudiera olvidar
Todo aquello que fui
Si pudiera borrar
Todo lo que yo vi
No dudaría
No dudaría en volver a reir
Si pudiera explicar
Las vidas que quité
Si pudiera quemar
Las armas que usé
No dudaría
No dudaría en volver a reír
Prometo ver la alegría
Escarmentar de la experiencia
Pero nunca, nunca más
Usar la violencia
Si pudiera sembrar
Los campos que arrasé
Si pudiera devolver
La paz que quité
No dudaría
No dudaría en volver a reir
Si pudiera olvidar
Aquel llanto que oí
Si pudiera lograr
Apartarlo de mí
No dudaría
No dudaría en volver a reir
Prometo ver la alegría
Escarmentar de la experiencia
Pero nunca, nunca más
Usar la violencia
Está pasando un ángel, Audrey...

Esa mirada que se te adentra, esa delgadez extrema

¿Por qué me resulta obvio que a los perros no les gusta tirar de un trineo?
No acepto el uso de los animales. De ningún animal, sea humano o no.You are so cool!!!
Hipocresía: fingimiento de cualidades o de sentimientos opuestos a los que verdaderamente se tienen o experimentan.
Falsedad: falta de verdad o autenticidad.
Y ése es el quid, ni más ni menos, moreno mío. Por eso, hay gente como tú y yo, a la que nos encanta que nos llamen hipócritas y no entendemos que nos tachen de falsos. Todos somos hipócritas y por qué no? Todos tenemos que fingir, con nuestros jefes, nuestros amantes, nuestros amigos... no existirían si no, las relaciones. Estas siempre están basadas en un tipo de fingimiento, un tipo de sueño en el que decidimos meternos, a veces, por necesidad y otras, porque no podríamos con el peso de nosotros mismos o con más probabilidad, no nos soportarían. Nos relegaríamos a vivir en una soledad, no buscada, ni siquiera sonora. O con suerte, a esa gracia de tener algún adorador, que nos estime pese a todo. Algo sólo decidido para los grandes.
Nacimos actores. Somos actores. Morimos actores. Y este teatro, o quizás cualquier otro, es el que nos tocó vivir. A ello, nos vamos amoldando. Con más o menos gracia, con chispa o si ella, pero nos vamos acoplando.
Hay gente que no es consciente de su teatro, no es consciente de sus máscaras o quizás, le resultan atractivas (y lo son, a veces). Interviene el egoísmo, la supervivencia o simplemente, el aburrimiento. Se pierden en sus propias historias repetidas una mil y veces. La rutina, engaña...nos inmoviliza, nos hace ver cualquier cambio como rastro de incoherencia.
Pero a nosotros, nos queda nuestro rinconcito. Aquel en el que nos miramos al espejo y contamos de 10 a 0, mirándonos a los ojos. Aquel en el que soportamos nuestra mirada, porque aún seguimos viendo la autenticidad, estática a veces, tan móvil otras. Pero algún rasgo de verdad.
Y tras ese rasgo tan pequeñito, nos queda reirnos, de nuestra hipocresía. Y qué risas!!!! Risas de lágrimas VIVAS!!!
Someone like you... so cool!!!







